No ha tocado el décimo, pero siempre se está a tiempo.

Mi amiga @anallano me recomendó hace un par de días, que escribiese sobre los anuncios de navidad y hasta qué punto pueden ser verdaderas dagas en el corazón, ya sea por su capacidad de inclusión o no. Os debo de poner de antemano, que hace muchísimo tiempo que no veo la televisión pública. No por nada, sino que el mando de la tele suele estar subyugado bajo unas manitas dictadoras que les encantan todo lo relacionado con dibujos animados. Cuando tengo tiempo libre y me puedo acercar al salón, mirando de reojo a que no aparezca de sorpresa ese chiquitín tan cinéfilo y tan de pixar; aprovecho para ver lo que él siempre dice con desazón “ya estas viendo tus series!” Así es. Cuando puedo, soy una fanática de netflix. Me encantan las series con temática inclusiva y que abordan aspectos diferentes de la sociedad. Un día os hablaré de alguna. 

Dicho esto, y sin más preámbulos,  seguí las indicaciones de mi amiga y vi el anuncio de navidad de la lotería de este año. Me dijo que la había hecho llorar. 

No pude dejar de pensar: A una madre monoparental ¿un anuncio le hace fácilmente llorar? ¡Esto había que verlo! Iba armada con mi cinta en la frente, cuchillo en los dientes, mis dos lineas de pintura camuflaje en las mejillas,  dispuesta a dilucidar el susodicho anuncio. O bueno, tal vez un poquito más guapa como nuestra famosa guerrera de los noventa: Xena. 

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 Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que dicho anuncio relata la historia entre el ex-suegro que se acuerda de su ex-nuera y la incluye en esta tradición tan española, de regalar un décimo de navidad. ¡Qué bonito! Y aunque esta reflexión sea simplista y previsible, no puedo dejar de pensar en que es la que mejor me sale del alma. 

1pngAsí es, recibir cariño por parte de tu antigua ex- familia te valida como la persona que has sido y el papel que representaste y seguirás representando en sus vidas. 

Sé que es muy fácil pensar que todas las familias cuando se separan tienen sus historias y malos rollos, que pueden a priori justificar la ruptura completa de cualquier conexión, pero creo, sinceramente, que eso es mucho generalizar. Lo que me parece que si pasa, es que cuando dos familias se rompen, existe una incapacidad para saber como establecer un nuevo puente que mantenga una conexión sana y justa entre los familiares de una familia y cada uno de los individuos de la pareja que se ha roto. Resultado de esa misma incapacidad lo que conocemos es silencio, o en el mejor de los casos, el tono de un teléfono descolgado. Y eso duele. ¿Por qué? Porque cada uno de nosotros ha dado lo mejor de sí, no solo a la pareja que ya no está, sino también a sus familiares y amigos. Y esa persona ha sido genuina y sigue existiendo.

Hay historias, muchas y miles. Hay dolor en todas ellas, pero también hay amor. Nadie es solo una cosa, ni evoca solo dolor.

Hay que ser capaces de mirar a las personas como el abanico de posibilidades que son, más allá de sus sombras; escoger aquellos que realmente valen la pena, y honrarlos.

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Esa es mi filosofía de vida, intento siempre ver la luz, lo verdadero de cada persona. Ese ápice de bondad que puede ver en una persona y mantengo mi mirada fija en ella, especialmente, cuando la penumbra nos acompaña en los reveses del camino.

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Mi única critica a este anuncio, es que yo hubiese incluido la visita de ambos ex-suegros, porque al hacerlo sólo el padre, seguimos generando la idea de poca sororidad femenina; ese mito del mal rollo con las suegras, que no es mas que una falacia machista. 

Las mujeres unidas, somos extremadamente fuertes y tenemos una capacidad de empatía que da aliento y cura.  


Gracias Siempre


Sonja·Sonji    

¿Mantita y sofá, amiga?

Llueve de una manera apocalíptica para lo que es habitual en Córdoba. Rachas de viento, dicen que hasta 50 km/hora. “¿Cómo será eso?”- Preguntaba esta mañana una compañera de trabajo. Le respondí: “Pues como si fueras por la Judería de Córdoba a la velocidad que sueles ir por avenidas de la ciudad. Se quedó mirándome, pensativa y absorta en su propia película que acababa de idear. A lo lejos, otra responde: “Ese aire te empuja. A trompicones”

Asentí , distraída.

Suspiro. Hoy solo suspiro.

Os hago una confesión: he remoloneado todo lo que podía, para evitar escribir este blog. He agotado todos mis to-do-list creativos, los previamente agendados y los que me inventé sobre la marcha. He sacado fotos de mi mesa de escritorio de todas las perspectivas habidas y por haber, he hecho un video promocional, con voz off incluido! ¡Me estallan las sienes de tanta creatividad! 

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Pero lo que no me deja de estallar, como las ráfagas del viento en mi ventana, es saber que mi peque empieza hoy la mitad no mía de sus vacaciones de Navidad.

Os prometo que me armé hasta los dientes de todas las técnicas que pude idear para tomarme estos días como otros cualquiera. Ni decoré la casa, como otros años (paso de autoflagelarme con vestigios decorativos por doquier). Que si me voy a tomar estos días de vacaciones y voy hacer esto, aquello, escribir, estudiar, decorar, gimnasio, dormir, ver series… “¡ya verás!” - dice mi vocecita interior- será muy entretenido y productivo.

Esa misma voz que nos acompaña cuando estamos a punto de entrar en un fin de semana sin niños. ¿La conocéis? ¡¿No?! ¡Os la presento! Es muy maja, pero os aviso de que, a veces de tanto querer motivar, se emociona más de la cuenta y suelta mentirijillas.

Es experta en aparecer el miércoles, extrañamente puntual a una fiesta que aún no ha sido convocada. El jueves aparece ataviada con gorro de fiesta, matasuegras, collares de misangas como si en vez de un jueves fuera el Mardi Gras de nueva Orleans. La miras extrañada, pero respondes con un ¡Vale! ¡Venga!


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Y entonces llega él tan esperado viernes: el maquillaje empieza a estar borroso, pero aún sirve. De repente, apenas sin parpadear, es sábado y cuándo tu estas con ganas de marcha, después de todos los quehaceres que has aprovechado para dejar en esos días sin niño, tu querida amiga, ya está mirando el móvil, aburrida, viendo stories en Instagram, que al segundo siguiente ni recordará, esperando a que llegue el lunes.   

Suspiro. Hoy solo suspiro.

Os digo que la casa se percibe sola, estática. Antítesis del clima actual.

Gracias Siempre.


Sonja·Sonji 

Mi primera navidad - ThrowBackTuesday Blog

Hace tres navidades pasé mi primera Navidad como madre “ en solitario”. Recuerdo que tenía muchas expectativas negativas, sentía que todo el concepto navideño reafirmaba en mí, una idea de fracaso estrepitoso como madre, pareja y mujer. Debido a mis  circunstancias especiales - vivo en una ciudad lejos de mis padres y hermanos, y además ese año, tenía compromisos laborales que no podía eludir - el marco de esas tan especiales primeras navidades, se componía de una madre y su pequeño hijo de 3 años.

A medida que el adviento pasaba, mayor era mi miedo de abrir ese momento, como un regalo mal envuelto, que resta la importancia del mismo, bien sea por lo descuidado que está o por su envoltura austera.

Puse el árbol de Navidad, decoré la casa con mi hijo, en un reflejo autómata de lo que se supone que debe ser, una fotocopia en serie de aquello que recordaba de los últimos años. Todos los días encendía religiosamente las luces del árbol, esperando que ese ritual mágico atrajera alegría y el aliento del bullicio de las familias en noche buena.

Sin embargo, muy próximo a la fecha señalada, tuve una idea que resultó ser de lo más entrañable. Decidí que mi nueva familia monoparental iba a empezar nuevos recuerdos y aún más especiales rituales de Navidad. ¡Sería la Navidad "Peque Masterchef” !

Desde días antes, hice partícipe a mi niño de la cena y juntos elaboramos un menú, lo diseñamos y lo creamos en papel. 

WhatsApp Image 2019-12-19 at 070257jpegEstuvimos mirando en Pinterest ideas para nuestro menú de Navidad y finalmente el nuestro apostaba por unos entrantes muy resultones, y fáciles de hacer con hojaldre y tomatitos cherry, tabla de quesos y jamón. El planto principal pollo al horno con manzana y patatas panaderas. El concepto de la manzana da un toque gourmet muy sencillo al plato  y de postre flan de dulce de leche. 

Esa noche engalanamos la mesa del salón y voilá: pasé una navidad muy amena, muy mona y muy todas esas cosas que hicieron espantar mi tercer invitado, tan temido y más cansino que un cuñado en la mesa de navidad: el miedo. Mi hijo estaba bien, muy satisfecho por todas las actividades que giraron alrededor de nuestra noche y yo, muy satisfecha conmigo misma. Hoy día recuerdo esa primera navidad con un misto de ternura y orgullo...como cuando tu hermana pequeña se sale bien en una prueba y de lejos te guiña el ojo.

Aquí os dejo la foto collage, recuerdo de aquel momento.

¿Y tú? Cuéntanos tu experiencia. Déjanos tu comentario al final de la página, en FB o Instagram. Si te ha gustado mucho, siempre puedes compartir la entrada, lo que seria ¡todo un detallazo!

Gracias Siempre.

Sonja·Sonji 

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Decisiones Salomónicas del siglo 21: La Navidad monoparental en régimen de custodia compartida.

La historia de Salomón la tenemos tan arraigada a nuestro colectivo imaginario que sobran las palabras para contarlas. El resumen de su moraleja radica en la simpleza de tomar un pan y dividirlo en dos y ¡hala cada parte contenta!.

Muy bien, podría ser una opción viable cuando el elemento a dividir, es divisible, o haciéndome la intelectual, estamos delante de número natural. Cof! Cof!

Lo que pasa es que en el trígono familiar Madre - Hijos - Padre, en todas sus versiones, cada vértice es un numero primo.

Y a ver ¿quién divide equitativamente nuestros corazones? ¿Y nuestras ilusiones? Así que por mejor rollo parental qué exista, y creedme soy experta en “buenrollismo”, uno nunca se queda satisfecho del todo. Especialmente en estas festividades.

Las vacaciones de Navidad tienen de por sí tres días estrella y te apetece coincidir en todos con tu peque. Porque además, de eso va la Navidad, de la alegría de ver a nuestros niños y familiares disfrutar juntos.

Prosigo en mi análisis navideño de la decisión más salomónica del siglo 21: la custodia compartida. 

Si te toca la primera mitad, pasas la noche buena. Ok, mola porque están los abuelos, el bullicio de toda la familia y ahora hasta Santa Claus que poco a poco ve crecer su protagonismo en este día, entrando ya no por la chimenea, sino por la puerta grande, ganándose el cariño de los que vivimos en este nuevo mundo de navidades a media.  

Si te toca la segunda semana de vacaciones, viene el fin de año y….¡¿Qué pasa con Los Reyes?! Aquí pueden surgir una serie de combinaciones matemáticas. “Que si a mí me toca la cabalgata y a ti abrir los regalos”; O “me toca todo porque esta en mi semana y el año que viene ya es para ti”… En fin, opciones hay miles y me gustaría consolaros con la idea de que para el próximo año si será…pero la verdad es que si nos diéramos un paseíllo de vuelta desde el futuro, nos diríamos: “Lo siento McFly,  pero no hay consuelo.”

Porque ante estas triadas Padre -Hijos -Madre o 24 - 31- Reyes, ya Euler, matemático ilustre, allá para los años 1800s, llegó a la conclusión de que es imposible recorrer un camino terminando en el punto de partida sin repetir las líneas, si el número de líneas que inciden en dicho punto, no es par.

Entendible o no la explicación, os prometo que en mi cabeza ¡hace lógica! :)

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Me despido por hoy, dejando una pregunta en el aire: ¿Cómo os habéis organizado vosotr@s estas navidades? Déjanos tu comentario. Es increíble lo que podemos aprender de lo que hacen los demás, en nuestra misma situación.

Gracias Siempre.


Sonja·Sonji

Resaca, resaquita…¿dónde vas tu tan bonita?

¡Y llega la gran realidad! Al día siguiente de mi comida de empresa, me veo despierta a las 7:00 am y no es por el despertador… Es por mi bello y maravilloso hijo que, como bien dice él, “es un niño al revés”: Se despierta tarde los días

de cole y madruga los fines de semana. Y con esta respuesta tan natural a mi indignación mañanera, sólo me queda reconocer el ¡Jaque-Mate!

Con la boca seca, cara de tequila casero con oruga incluida, me levanté a preparar su desayuno. Llego a la cocina sabiendo que un paracetamol no me va a hacer nada, así que directamente un ibuprofeno, dos vasos de agua y ¡a por el día!

Podría estar aquí sensiblemente 12 horas contando minuciosamente mi día a remolque de mi hijo Energizer, pero soy buena y os dejo un time-lapse (hacerle hueco antes de proseguir, al resonar de los tambores. Gracias ;)):

Mañana de patinaje sobre hielo —> media tarde de “Chiquilandia"—> Compra exprés en el corte inglés (era para verme: el bolso rebosando de chuches; botellas de agua medio vacías; bufandas; papelitos varios; una mano con palomitas y la otra con pistola de juguete tamaño XL… la cara del dependiente, era un poema ja! ja!)—> tarde/noche de cacharros —> y vuelta a casa, ya bien escondido el sol.

Ahora que lo pienso, creo que me he vuelto un panel solar, porque ¿de dónde he sacado yo las ganas y buena disposición?

En fin, la vida de madre monoparental es que una tarde de diversión y copas, pasa una factura kilométrica, pero cuentas saldadas, sólo puedo decir que he pasado un día genial. Si no habéis visto aún el video “navidad cordobesa”, os invito hacerlo. Es un optimo resumen de un día estupendo en compañía de otras mamis monoparentales y sus peques.