¿Mantita y sofá, amiga?

Llueve de una manera apocalíptica para lo que es habitual en Córdoba. Rachas de viento, dicen que hasta 50 km/hora. “¿Cómo será eso?”- Preguntaba esta mañana una compañera de trabajo. Le respondí: “Pues como si fueras por la Judería de Córdoba a la velocidad que sueles ir por avenidas de la ciudad. Se quedó mirándome, pensativa y absorta en su propia película que acababa de idear. A lo lejos, otra responde: “Ese aire te empuja. A trompicones”

Asentí , distraída.

Suspiro. Hoy solo suspiro.

Os hago una confesión: he remoloneado todo lo que podía, para evitar escribir este blog. He agotado todos mis to-do-list creativos, los previamente agendados y los que me inventé sobre la marcha. He sacado fotos de mi mesa de escritorio de todas las perspectivas habidas y por haber, he hecho un video promocional, con voz off incluido! ¡Me estallan las sienes de tanta creatividad! 

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Pero lo que no me deja de estallar, como las ráfagas del viento en mi ventana, es saber que mi peque empieza hoy la mitad no mía de sus vacaciones de Navidad.

Os prometo que me armé hasta los dientes de todas las técnicas que pude idear para tomarme estos días como otros cualquiera. Ni decoré la casa, como otros años (paso de autoflagelarme con vestigios decorativos por doquier). Que si me voy a tomar estos días de vacaciones y voy hacer esto, aquello, escribir, estudiar, decorar, gimnasio, dormir, ver series… “¡ya verás!” - dice mi vocecita interior- será muy entretenido y productivo.

Esa misma voz que nos acompaña cuando estamos a punto de entrar en un fin de semana sin niños. ¿La conocéis? ¡¿No?! ¡Os la presento! Es muy maja, pero os aviso de que, a veces de tanto querer motivar, se emociona más de la cuenta y suelta mentirijillas.

Es experta en aparecer el miércoles, extrañamente puntual a una fiesta que aún no ha sido convocada. El jueves aparece ataviada con gorro de fiesta, matasuegras, collares de misangas como si en vez de un jueves fuera el Mardi Gras de nueva Orleans. La miras extrañada, pero respondes con un ¡Vale! ¡Venga!


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Y entonces llega él tan esperado viernes: el maquillaje empieza a estar borroso, pero aún sirve. De repente, apenas sin parpadear, es sábado y cuándo tu estas con ganas de marcha, después de todos los quehaceres que has aprovechado para dejar en esos días sin niño, tu querida amiga, ya está mirando el móvil, aburrida, viendo stories en Instagram, que al segundo siguiente ni recordará, esperando a que llegue el lunes.   

Suspiro. Hoy solo suspiro.

Os digo que la casa se percibe sola, estática. Antítesis del clima actual.

Gracias Siempre.


Sonja·Sonji