¡La mami se va de fiesta!

Este fin de semana me parece que era él de todas las comidas de empresa de la ciudad de Córdoba. No se podía llamar un taxi, ni por telepatía. Menos mal que se me ocurrió calzar unas manoletinas (sí, entre tantos tacones, unas estupendas y coquetas manoletinas verdes) porque AUCORSA ¡ha sido mi carruaje de gala! y tocaba andar hasta la parada más cercana.

Tenía una sensación rara en mi interior y por más que ahondara no encontraba, o no quería asumir, lo que me pasaba. Así que hoy, me sincero porque sino, ¿de qué iría esto? Sabía que existían altas probabilidades de que en el entresijo de tantas comidas de empresa, me encontrara con una cierta ex-mitad y sinceramente, me daba una pereza enorme. Pero bueno, subí a mi carruaje con esperanza de pasármelo bien (y que éste no se me volviera una calabaza antes de la media noche).

Y el resumen de la tarde noche es que he cantado, he bailado y me he reído el 90% del tiempo.

¿Qué pasó con el 10% restante?

¿Saben? A medida que van pasando los años, le estoy ganando un cariño distinto a mi instinto cojonero; es como un abuelo jugando dominó todas las tardes con sus compadres: ¡no falla!

Sin embargo, sí soy sensata y justa con la vida, a pesar de haberme topado con verdades no gratas y perderme por instantes en el laberinto emocional de las separaciones, tuve la oportunidad de compartir con compañeros de trabajo y especialmente de conocer el buen corazón de dos de ellas. Y en los laberintos, donde se avanza tanteando, donde se aprende el camino por acierto y error, encontrar aliento, es una dicha.

Así que abuelo, esto va por ti: ¡Salud!

Gracias Siempre.

Sonja·Sonji 

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