5 razones por las que viajar "solo" con tus hijos, mola mucho.

Cada vez más existen agencias de viajes dedicadas a los viajes monoparentales. Muchas de ellas organizan grupos donde acuden familias de todos los sitios del país. Tengo amigas que han participado en estos viajes y regresaron encantadas. Sin embargo, yo siempre he viajado sola con mi hijo y de eso quiero hablar hoy.

Tras meditar sobre lo que he aprendido, aquí expongo mis razones de por qué creo que mola mucho viajar sola con ellos: 

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Es una forma de que tus hijos te conozcan más allá de tu papel de madre. Cuando organizas el viaje, todo o casi todo, lo escoges tú. De esta manera, tus hijos conocen esa parte de tu personalidad que muchas veces queda escondida entre la colada, las idas y venidas a las extraescolares, tu habitual cara de enfado a las horas de la comida…

Siempre será  una bonita oportunidad para darte a conocer cómo la persona maravillosa que eres. Recuerdo que mi madre solía hacer un viaje “solo” con nosotros todos los veranos, nos fascinaba escuchar sus historias mientras conducía o de los lugares que visitamos. La conocíamos a través de sus recuerdos. Podía ver a mi madre niña, corriendo por el paisaje que veíamos. Muchas veces, entendías él porque de las cosas. Habitualmente cuando se sale de la rutina, se es más flexible, y tus hijos tienen la oportunidad de conocerte fuera del trajín y los horarios habituales donde muchas veces muestras una faceta tuya que no es la única y verdadera. Sabemos que una gran parte del aprendizaje es a través de la imitación. Por eso, cuando te muestras feliz y relajada, como suele ocurrir cuando se abandona la rutina, el cerebro de tu peque aprenderá e imitará otra forma tuya de entender el mundo.



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Como solo hay un progenitor, muchas tareas sí o sí se dividen entre dos. Por supuesto, siempre que estén dentro de las capacidades de tus hijos. Tienen que estar más pendientes de preparar sus cosas, bien sea su pequeña mochila con agua o los juguetes que quieren llevar ese día. 

Ir dando al niño responsabilidades que puede asumir, les ayudará a estar más contentos y saber que pueden y deben ocuparse de sus cosas. Esto invariablemente es una fuente de satisfacción. Además si les acostumbras a participar en las tomas de decisiones y en la elaboración del itinerario diario, sienten que sus opiniones son escuchadas, sus gustos respetados y empiezan a entender la importancia de la planificación. Aprenden a  ceder y escoger las prioridades, pues no hay tiempo para hacer todo, ya que es posible que vean y entiendan las distancias en el mapa, el coste de las cosas, los horarios de los medios de transporte, etc. 

Hacerlos partícipe del itinerario te permite controlar mucho mejor el presupuesto y el tiempo , para un mayor disfrute.

Otro aspecto interesante de cuando viajan, es que los niños muestran interés por aprender el idioma del lugar que visitan y rápidamente aprenden palabras sueltas o bien las que escuchan o bien, si saben leer, aquellas que ven en los carteles de la calle.

Una estupenda idea que puedes hacer - si tienes tiempo y eres de las que te gustan las manualidades- es realizarles un pasaporte de viaje, en caso de que viajes al extranjero, donde puedes incluir las expresiones idiomáticas más habituales; alimentos más frecuentes de la región; curiosidades; juegos de palabras; etc. 

El blog viajar despeina, especializado en viajes con niños tiene unos cuantos que a mi entender son geniales y los puedes descargar gratuitamente. 

Si te interesa, aquí el enlace: http://www.viajardespeina.com/category/pasaportesludicos/

Aprenden a ser resilientes, es decir, a saber afrontar y superar los pequeños retos que surgen cuando se está fuera de la rutina y de nuestra zona de confort. Mucha veces, nuestra tendencia habitual es proteger nuestros hijos al máximo y asegurarnos que todas y cada una de sus necesidades se cumplen al instante. En una ocasión, estando de viaje en el extranjero, a mi hijo en aquel entonces de cuatro años, le dio una necesidad súbita de beber agua. Estábamos en el metro, en un desplazamiento bastante largo. Nunca había estado en esa zona, o esa parada, por lo que no podía controlar qué tan rápido iba a cubrir esa necesidad de mi peque. Medio lo convencí diciendo que cuando llegáramos, le compraría agua. Es cierto que cada cinco minutos me preguntaba cuánto faltaba, pero se aguantó sin mayores dramas. Cuando llegamos a la parada, esta era bastante pequeña y en una zona residencial donde no se veía comercio alguno. Mi cara de agobio era tal, que el niño solito me dijo “mamá no te preocupes, yo me aguanto”.



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Involucrar a tus hijos durante el proceso de planificación del viaje logrará estrechar aún más vuestra relación. Por supuesto esto les hace sentir apreciados y valorados, así como la sensación de ser niños mayores. Como teneis que tomar decisiones entre todos, podeis explicar los motivos para escoger una u otra, y de alguna manera esto os permite conocer más vuestros gustos y deseos, afianzando vuestra relación.

Superar juntos los pequeños retos que surgen cuando se está en un sitio diferente, te hace ver para los ojos de tus hijos, como una súper mamá. Mi hijo en más de una ocasión, me ha preguntado asombrado “mamá, ¿pero cómo sabías eso?”. Y en esos momentos, sólo me faltó el brillo de un diente de oro en mi sonrisa.

Hablar sobre las cosas que vais encontrando y que os suceden te permitirán intercambiar ideas de lo más interesantes. Te darás cuenta de que no te aburres en su compañía, pues los niños, si se les deja, suelen tener conversaciones de lo más trascendentales y ocurrentes. Ver el mundo como lo ven ellos, hará que los conozcas mejor y si intentas verlo como ellos, las risas están garantizadas. Y reír juntos, une



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Posiblemente no llegue ni por asomo a abarcar los estereotipos sociales sobre las mujeres y los viajes. Algunos que recuerdo son: las mujeres no saben conducir, a las mujeres no les gusta la aventura, las mujeres tienen miedo a estar solas…

Pero el mejor antídoto para estos estereotipos es dar el ejemplo y los viajes EMPODERAN, Así de sencillo.

Cuando decides hacer un viaje con tus hijos sola, no falta el comentario de ¿y si os pasa algo? Eso puede generar culpabilidad y en ocasiones, hacer que desestimes el destino del viaje. Por supuesto que un poco de aventura y seguridad pueden estar dadas de la mano. Mi verdadera preocupación cuando viajo, es que las necesidades de salud de mi hijo estén cubiertas, por lo que siempre contrato una póliza de seguro para él, y llevo un botiquín con apiretal, dalsy, arnica, pomada para las picaduras, repelente de mosquitos. Investigo sobre el país en lo referente a problemas de salud y nociones básicas de seguridad. Al establecer el itinerario, añado una o dos horas extra para los imprevistos que surjan sobre la marcha, por ejemplo, si los niños quieren descansar un poco o disfrutar de algo que encuentren en el sitio que visitamos. Tengo esto en cuenta para tomar mi decisión y evito que el regreso al hotel me pille en plena noche.  
Cuando viajo con el peque, me gusta establecer mini rutinas, similares a las de casa. Intento estar en el hotel alrededor de las 18-19h para ducha, un rato de tablet, a ser posible cenar tranquilos e ir a la cama a una hora temprana. 
Aquí os dejo una infografía sobre qué poner en un botiquín de viaje:

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En relación a conducir, he hecho tantos kilómetros con el peque, que me parece a mí, que hasta él sabe cómo hacerlo. Me ha preguntado tantas señales de tráfico y reglas, que sólo espero que cuando le toque sacarse el carnet, ¡lo haga a la primera!




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Crear un baúl de recuerdos único. Cuando viajas con tus hijos, creas recuerdos únicos. Para hacer aún más memorable el viaje, establezco un ritual. Por ejemplo, como nos gusta la fotografía, y mi hijo me suele ver enganchada a la cámara, es inevitable que me la pida y que le deje hacer fotos. Cuando lo hace, siempre me logra retratar de una forma en que me veo maravillosa, relajada y divertida. Pienso que algún día las reuniré y crearé un precioso álbum de recuerdos. Otra idea divertida si os gusta la fotografia, es hacer un retrato con una temática similar que se repite en cada sitio que visitais. Por ejemplo: una foto en una misma posición esperando en el aeropuerto, fotos de perros o gatos que encontreis por la calle, en fin, lo que se os ocurra.  

 La forma en la que recordamos nuestra vida puede contribuir tanto a nuestra felicidad como a nuestra infelicidad. Cuando estamos de viaje no le suelo leer cuentos, sino intentamos recordar las cosas positivas que le ocurrieron, de esta manera converso con él y le ayudo a tener una memoria más positiva.

¿Has pensado en coleccionar algo en vuestros viajes? Entre los 6 y los 10 años es fácil que los bolsillos de tu hijo se llenen de una infinidad de objetos. Y es que está iniciando la etapa del coleccionismo. En los viajes se pueden coleccionar un sin fin de cosas graciosas y nada difíciles de encontrar, por ejemplo hojas. Estas se pueden conservar dentro de un libro y cuándo estéis en casa, pintarlas con spray y utilizarlas, por ejemplo, en el árbol de Navidad. También algo tan sencillo como piedras con formas graciosas; Las puedes dejar al natural o pintarlas y ponerles el nombre del sitio donde se encontró. Aquí mandan los gustos y la creatividad.

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Esperamos que esta entrada del Blog te haya gustado y sea útil. Si necesitabas un boost de confianza para hacerlo, espero que ahora te sientas más animad@.

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